Pills

Lo irreversible

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Vivo con cuatro mujeres y un perro. 

Así dice la pancarta que llevo todos los días a la marcha del silencio que hago de la cama al baño y en la que pido, no una solución, pero sí algo de comprensión, incluso lástima. El baño es el lugar que habito, mi metro cuadrado soberano, el asiento desde el que escribo esto y todo lo que escribo, que es poco, como es poco el tiempo ininterrumpido en el baño de una casa con tanta gente. 

Toda familia, bien mirada, es un infierno. Y desde este infierno miro las horas y los días del gobierno de Javier, el hombre bomba sin familia, ni casa a la que volver, ni patrimonio que cuidar, ni prestigio que sostener, y que se convirtió el puño sin brazo en el que cada argentino de bien conectado a la idea de que al país no hay que arreglarlo sino explotarlo, depositó la esperanza de verlo romper algo que no tenga arreglo.

Cada argentino carga con su agenda íntima de destrucción, incluso los que no lo votaron y lo combatieron tienen marcado con birome un lote en el mapa Estado que les hace la vida imposible, o donde no lograron acordar una contraprestación de servicios para la que se sentían predestinados, los móviles pueden ser de lo más mezquinos, pero hay una zona inconfesable en la que Milei nos une a todos, bien por abajo, incluso reprimido como los deseos más oscuros, todos queremos ver arder el fuego hasta desprendernos las córneas como lo hicieron los primeros hombres, contemplar su capacidad de destruir, de reducir a la nada, de provocar un daño irreversible.

Diré: Si Milei no logra algo irreversible, no habrá logrado nada.

No hay acumulaciones parciales ni logros secundarios que paguen el sacrificio inmenso que hicimos al degradarnos dándole la manija a un verdadero roto.

Eso irreversible es una sola cosa, la dolarización.

De ahí no se vuelve. Mejora? Andá a saber, pero cambia todo. Funciona como una castración masiva a una clase política que tiene mil ideas sobre como gastarla y ni una sobre como juntarla. “Dolarizar e incendiar el Banco Central“, ese fue el cambio sistémico que vendió el Javo, y esa es la vara con la que habrá que medirlo.

Todo lo demás puede ser desandado sin mayor esfuerzo. Aunque al cierre de 4 años Milei deje al estado reventado como un pulmón enfisémico, ese pulmón se puede volver a inflar, las secretarias y los observatorios se pueden volver a crear y todos los desplazados por la motosierra pueden volver a peregrinar a sus escritorios en las mil dependencias, entes y ministerios que se creen cantando la marcha o con discreción, poco importa. Y la bendita mentalidad de los argentinos que tanto parece estar cambiando puede cambiar mil veces como se pasa un reel de tik tok, y todo lo que fue una canción urgente para el déficit cero puede empezar a sonar de nuevo como la murga de la ampliación de derechos. Porque esto ya lo vimos, este nivel de hegemonía asfixiante lo tuvo el Cuadro y parecía que iba a durar mil años, incluso su departamento de diseño gráfico, La Campora, salió con una campaña que batía esa amenaza: Irreversible.

En fin, el saldo es brutal, no quedó nada. Todo duró lo que duró el poder.