Las mesas de formica marrón atigrado de Pinino, que deben tener la edad de jesus y están marcadas como la espalda de un esclavo, resisten junto con las sillas de caño cromado y cuerina beige tal el juego original como gesto de insubordinación a la tendencia prepotente y fascista de las mesitas de hierro negro y tapa de falso carrara que invadieron todos y cada uno de los boliches del microcentro reventándoles el alma, incluso si esa alma, como la de Pinino, fuera un engrudo de tristeza y melancolía por un pasado glorioso que nunca existió.
“Métanse el futuro bien en el orto”, parecen decir las doscientas botellas de Rincón Famoso que Edgardo Rovetti, jerarca plenipotenciario de Pinino desde el día uno, le compró a precio vil a un bolichero de la zona que estaba ahorcado y que terminaron adornando el perímetro completo del local en unas bodeguitas de pino colgadas a unos dos metros de altura rematando un recubrimiento de machimbre color sambayon que, se dijo en su momento, le da calidez al salon.
Pinino, a sesenta metro del palacio de tribunales, es un nido de abogados pobres que se tiran de palomita a las mesas de la ventana donde al menos cazan un cacho de sol para hacer fotosíntesis mientras desparraman fotocopias de escritos y las marcan con birome sobreactuando el gesto como si en esa demanda de alimentos se les fuera la vida.
El abogado que tiene guita es el que pide tostado. “Sacame uno bien cargadito, miga, y un café en jarrito” dice fuerte, y le da a entender al resto de la fauna que sólo cafetea y que a lo sumo adiciona una medialuna de manteca, que le acaban de regular alto los honorarios en una sucesión y que está en la buena, que se puede permitir un tostado bien cargadito, miga.
La barra de Pinino, también de formica marron atigrada, soporta como la tortuga que sostiene el mundo una cafetera inmensa y pesada como un tanque sovietico que Edgardo manipula en exclusividad con pericia neurocirujana y que con dos golpes secos tac tac repone a tope de café molido el porta filtro doble boquilla original que si lo tratas bien te puede durar dos mil años y que seria una picardia que la chica que asiste en la barra sin ningún tipo de amor y apego por la histórica cafetera le termine rompiendo la virola de agarre por el apuro se servir o por la simple desaprensión que es la marca de agua de toda esta nueva generación de trabajadores gastronómicos. Edgardo sabe también que en el café se juega el cuero y que el que le estira la vida al café dándole una colada de mas le está pellizcando los huevos a un tigre y que donde se arma el rumor de que pijoteas con el café chau Pinino. Edgardo y nadie más toca la cafetera, como Armando Bo con la Coca, nadie le toca una teta a la Coca y nadie le toca la cafetera a Edgardo, ni la guita, la guita también es cosa de Edgardo, que sabe que acá a estos les das un metro y te cagan como lo cagaron a Julio César y que manejar el negocio es manejar la guita, toda bien ordenada, las caritas mirando para el mismo lado, sin puntas rotas y que donde juntaste 50 lucas las ahorcas con una gomita y van al cajón con doble fondo para no regalarse porque acá te agachas a juntar la birome y cuando te levantas tenes adelante dos sabandijas apuntándote a la cabeza.
El salón de Pinino está quirúrgicamente dividido por unos biombos de madera oscura que en la cara que da a la calle soportan unos cuadritos que configuran el mapa preciso de la precariedad estética de Edgardo. Del otro lado del biombo, en un sector mas chico de solo cuatro mesas está el Virrey, y si metes una pata ahí el aire se pone espeso como respirar talco y Edgardo te va a agarrar del hombro va a pedir amablemente que busques mesa adelante porque ahí atrás tiene todo reservado. Edgardo aprendió a mirar sin ver, ese lado del boliche es como si no existiera. El agarra una guita que con puntualidad escandinava le da el Virrey todos los meses y esas cuatro mesas no existen, son una embajada. En la segunda mesa pegada al biombo se sienta el Virrey y en la mesa de al lado, tapado por un quilombo imposible de papeles está Jacinto, el contador. Jacinto se muestra más rústico de lo que es. No tiro un tiro en su vida ni apretó fuerte a nadie pero está en esta, resuelve los números, ordena los flujos y lleva, aunque sea en birome, la contabilidad que hasta la organización delictiva más precaria tiene que llevar si no quiere volcar. Está, la del Virrey, de precaria no tiene nada, es una de las tantas bandas de delincuentes que del 1 al 5 de cada mes reciben su sueldo con adicionales, cargas patronales y descuentos sindicales pagado por el Estados Nacional, parasitados en entes, secretarías y empresas públicas para tener un termometro metido en el culo de cada funcionario con firma y caja.
Llegué diez minutos antes y me senté en la barra a tomar un cortado. Con el Virrey no había trabajado nunca pero este mundo es minúsculo, cabemos todos en una combi. Nos conocemos todos, el Virrey es jeton, con cien guerras encima, un histórico. Le reconocen todos haber negociado a cuatro bandas el corte seco de la ola de secuestros extorsivos del 2004 repartiendo zonas liberadas y modalidades delictivas hiper rentables sin sangre para no dejar sin trabajo a nadie pero enfriándole la televisión al gobernador que ya amagaba con hacer volar la cúpula de la bonaerense. Dice la envidia que esa negociación le salió porque estaba de los dos lados de los cuatro mostradores. La gente habla, siempre.
Jacinto me hace el gesto, un toque de ojos y enfilo para atrás del biombo a sentarme con el Virrey. El tipo ni levanta la cabeza, está girando el plato para ver desde qué ángulo le entra a un bife de chorizo con ensalada.
– Sentate hermano, picas algo? Jacinto, pedile algo para picar, y pedile a Edgardo un poco de hielo, que no sea ratón con el hielo, que no me mande ese baldecito pijotero, que me mande hielo.
Te la hago corta porque hoy ando con un dia de mierda, Aquiles me dice que vos andas derecho, que laburas bien y que no armas quilombo. Yo estoy buscando a alguien, pero no busco un pasante, uno de estos pendejitos zarpados que juegan al mossad, busco a un tipo mas caminado, con vuelo. ¿Vos servis?
Estamos en guerra, vos sabes, lo ves en la calle, hay boluditos jugando sueltos por todos lados, la muerte se Vitale dejo un desastre y hay que ordenar, nuestro negocio es el orden y yo necesito un tipo que ordene y que algún dia pueda mandar. Pero no te equivoques, yo no soy Aquiles, que lo respeto eh! Pero yo te voy a comer el culo, laburo así. Yo necesito saber que vos llegado el caso me vas a cagar. Sino no me servís, no sos lo que busco. Yo necesito hijosdeputas, que quieran ir por todo. Yo te voy a matar antes que vos me cagues, y te voy a cagar cien veces si hace falta. ¿Sos eso? Acá no hay jerarquías, yo te voy a mostrar todos los días por que estoy arriba y por que te tengo abajo, no te comas la película del respeto, acá no hay respeto, acá hay miedo.
– Yo soy eso Virrey, yo soy el tipo que vos necesitas.